A veces, el pasado no se queda completamente atrás. Una conversación, un olor, una fecha o un lugar pueden despertar de repente una reacción difícil de comprender. El corazón se acelera, aparece una sensación de peligro y la persona vuelve a experimentar parte del miedo, la tristeza o la impotencia asociados a un momento anterior. Aunque racionalmente sepa que aquello terminó, su organismo responde como si la amenaza continuara presente. Estas reacciones no siempre surgen de un único acontecimiento extraordinario; también pueden relacionarse con experiencias repetidas de rechazo, inseguridad, humillación, pérdida o desprotección que dejaron una huella emocional persistente.

La psicoterapia ofrece diferentes maneras de comprender y tratar estos efectos. Entre ellas se encuentra EMDR, un enfoque estructurado que ayuda a trabajar recuerdos y experiencias que siguen causando perturbación. Si bien uno de sus elementos más conocidos son los movimientos oculares, reducir toda la terapia a ese procedimiento ofrece una imagen incompleta del mismo. Antes de utilizar la estimulación bilateral, el profesional evalúa la situación, conoce la historia de la persona, identifica sus necesidades y comprueba que dispone de recursos para afrontar el proceso. El tratamiento se desarrolla progresivamente, respetando la estabilidad, el ritmo y la capacidad de cada paciente para aproximarse al material emocional. Expertos como Celeste Muñoz, especialista en terapia EMDR Zaragoza, explican como el pasado pesa en el presente más de lo que en ocasiones parece, y que condiciona por muchos años que hayan pasado.

En este sentido, durante el trabajo terapéutico, el recuerdo no se borra ni se sustituye por una versión inventada. La finalidad es que pueda integrarse de una manera menos perturbadora, de modo que continúe formando parte de la biografía sin invadir el presente con la misma intensidad. La persona puede recordar lo ocurrido, pero experimentarlo desde una perspectiva distinta y con mayor sensación de seguridad. Para comprender cómo se busca este cambio, resulta necesario conocer el origen de EMDR, los objetivos que persigue, el papel de la estimulación bilateral y las fases que organizan su aplicación.

¿Qué es la terapia EMDR y cuál es su origen?

El concepto EMDR corresponde a las iniciales de una expresión inglesa, Eye Movement Desensitization and Reprocessing, que en español se traduce como Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares. Se trata de un enfoque psicoterapéutico creado para trabajar experiencias que no han sido integradas de manera adaptativa y continúan vinculadas a emociones, sensaciones físicas o creencias negativas. Aunque su nombre destaca el movimiento de los ojos, el método incorpora evaluación clínica, preparación, identificación de recuerdos, regulación emocional y revisión de los cambios alcanzados.

El origen del método se sitúa a finales de la década de 1980, más concretamente en 1987, cuando la psicóloga estadounidense Francine Shapiro observó que determinados movimientos oculares parecían reducir la intensidad asociada a pensamientos perturbadores. Aquella observación inicial condujo a la creación de un procedimiento sistemático y a su estudio con personas que habían vivido experiencias traumáticas. Con el tiempo, el modelo fue perfeccionándose, incorporó diferentes formas de estimulación bilateral y estableció un protocolo dividido en ocho fases.

La terapia parte de la idea de que algunas experiencias pueden quedar almacenadas de una forma poco integrada. El recuerdo permanece conectado a imágenes, emociones, respuestas corporales y conclusiones negativas que pertenecen al momento original. Ante ciertos estímulos, esa red puede activarse y provocar reacciones intensas en el presente. Esta explicación funciona como un modelo clínico de trabajo y no significa que todos los problemas psicológicos tengan una única causa, haciendo que la evaluación individual continúe siendo imprescindible para decidir qué intervención resulta adecuada.

¿Qué objetivos persigue la terapia EMDR?

Los principales objetivos de la terapia EMDR son:

  • Disminución de la perturbación que acompaña a determinados recuerdos. Una persona puede conocer perfectamente que una experiencia terminó y, sin embargo, reaccionar con angustia cuando algo se la recuerda. El tratamiento intenta reducir esa distancia entre lo que entiende racionalmente y lo que siente emocional o corporalmente.
  • Transformación de las interpretaciones negativas vinculadas a lo ocurrido. Después de una experiencia dolorosa pueden consolidarse ideas como “no estoy a salvo”, “no tengo control”, “soy culpable” o “no valgo lo suficiente”. Aunque estas conclusiones surgieran en circunstancias pasadas, pueden continuar influyendo en las relaciones, las decisiones y la forma de afrontar situaciones nuevas.
  • Desactivación de respuestas desproporcionadas en el presente y futuro. En este sentido, el trabajo no tiene por qué limitarse a un recuerdo antiguo, ya que puede incluir desencadenantes actuales y la preparación para responder de forma diferente ante circunstancias previsibles.

¿Cómo funciona EMDR y qué papel tiene la estimulación bilateral?

Durante el reprocesamiento, la persona atiende brevemente a distintos aspectos del recuerdo mientras recibe estimulación bilateral. Esta estimulación activa de manera alterna ambos lados del cuerpo y puede realizarse mediante movimientos oculares guiados, sonidos alternos o pequeños toques. El terapeuta suele pedir al paciente que observe lo que va apareciendo sin esforzarse por controlar el contenido. Después de cada serie, se hace una pausa para identificar imágenes, pensamientos, emociones o sensaciones. A partir de esa información, el profesional decide cómo continuar, manteniendo siempre la atención sobre la tolerancia emocional y las necesidades que surjan durante la sesión.

No existe una única explicación definitiva sobre todos los mecanismos implicados en EMDR. Se considera que la atención dividida entre el recuerdo y una tarea externa puede reducir su intensidad, facilitar nuevas asociaciones y modificar la manera en que se recupera mentalmente. Algunas explicaciones destacan las limitaciones de la memoria de trabajo: mantener una imagen perturbadora mientras se siguen movimientos o sonidos competiría por recursos cognitivos, haciendo que el recuerdo se experimente como menos vívido. Otras perspectivas ponen el acento en la respuesta de orientación, la regulación fisiológica y la integración de información.

La estimulación bilateral no actúa como una fórmula automática ni garantiza que cualquier recuerdo se resuelva rápidamente. Su utilización requiere que la persona esté preparada, comprenda el procedimiento y pueda permanecer dentro de un nivel manejable de activación emocional.

Las ocho fases de la terapia EMDR

La terapia EMDR se puede dividir en 8 fases:

  1. El tratamiento comienza con la recogida de la historia clínica y la planificación. El terapeuta conoce los motivos de consulta, las dificultades actuales, los antecedentes relevantes y los recursos disponibles.
  2. Después se desarrolla la fase de preparación, en la que se explica el método, se establecen señales para detener el ejercicio y se practican estrategias de regulación emocional.
  3. Cuando existe suficiente estabilidad, comienza la evaluación del evento traumático, conocido como «la diana». Se selecciona un recuerdo específico y se identifican su imagen representativa, la creencia negativa asociada, una creencia positiva deseada, las emociones presentes, el nivel de perturbación y las sensaciones localizadas en el cuerpo.
  4. La cuarta fase es la desensibilización, durante la cual se aplican series de estimulación bilateral mientras la persona observa las asociaciones que aparecen. El proceso continúa hasta que la perturbación disminuye suficientemente, aunque no siempre se completa en una única sesión.
  5. Después llega la instalación, destinada a fortalecer la creencia positiva seleccionada y comprobar hasta qué punto se siente verdadera.
  6. La sexta fase consiste en la llamada exploración corporal. El paciente revisa mentalmente el recuerdo y observa si permanece alguna tensión o sensación desagradable asociada. Si aparece una respuesta relevante, puede trabajarse mediante nuevas series, siempre que las condiciones clínicas permitan continuar el procesamiento.
  7. La séptima fase corresponde al cierre y se realiza al terminar cada sesión, independientemente de que la diana haya quedado completamente procesada. El terapeuta ayuda a recuperar estabilidad, recuerda los recursos aprendidos y explica qué puede observarse durante los días posteriores.
  8. La octava fase es la reevaluación, que se lleva a cabo al comenzar una sesión posterior. En ella se comprueba si los cambios se mantienen, si han surgido nuevas asociaciones y si quedan aspectos pendientes.

Aunque las ocho fases proporcionan una estructura común, su duración no es idéntica para todos. Algunas personas necesitan una preparación extensa y otras trabajan distintas dianas dentro de un proceso prolongado.

    ¿Cómo es una sesión y qué debe valorar una persona antes de comenzar?

    Una sesión de EMDR puede adoptar formas diferentes según la fase del tratamiento. Las primeras consultas suelen centrarse en conocer el problema, establecer objetivos y crear una relación segura. El profesional pregunta por la historia personal sin exigir necesariamente una descripción exhaustiva de cada experiencia desde el inicio. También explica el procedimiento, resuelve dudas y enseña estrategias para gestionar la activación emocional.

    Solamente cuando existe preparación suficiente se selecciona un recuerdo para reprocesarlo. Durante ese trabajo, la persona permanece consciente, puede hablar, pedir una pausa y detener la estimulación en cualquier momento. No se encuentra hipnotizada ni pierde el control sobre sus decisiones.

    La duración total del tratamiento depende de numerosos factores. Un acontecimiento concreto y reciente puede requerir un abordaje diferente al de experiencias repetidas durante años, especialmente cuando existen varias dificultades relacionadas. También influyen la estabilidad actual, la capacidad de regulación, el apoyo disponible y la presencia de otros problemas psicológicos o médicos.

    Algunas personas perciben cambios en pocas sesiones, mientras que otras necesitan un proceso más largo. Por eso, establecer de antemano un número exacto de sesiones puede crear expectativas poco realistas. El ritmo debe determinarse mediante evaluaciones continuas, sin acelerar el contacto con recuerdos difíciles solamente para intentar conseguir resultados en un plazo previamente fijado.

    La persona debe poder expresar sus dudas, conocer los límites de confidencialidad y comprender que tiene derecho a interrumpir cualquier procedimiento. El EMDR puede ser una opción útil dentro de un plan individualizado, pero no sustituye una valoración profesional completa previa, ya que no es una solución general.